De la dignidad y de los derechos humanos
ebook ∣ Una introducción al pensar analógico
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El libro que nos entrega Ilva Myriam Hoyos Castañeda es muy oportuno, por cuanto
que es una pieza de filosofía del derecho, en un sentido realista, como hoy por
hoy lo necesitamos. Abarca tres partes muy bien señaladas: la primera que es
sobre el concepto de persona y su carácter dialogal; la segunda, de la dignidad
humana, y un epílogo, sobre la nueva racionalidad del derecho como respuesta a
los retos de la dogmática jurídica.
Por lo que hace a la primera parte, centrada en el concepto de persona, comienza con un exordio sobre un tema básico: la persona humana y su dignidad, en el que examina la etimología del nombre, su concepto filosófico y jurídico y de la razón de ser de la reflexión sobre este último.
El capítulo segundo está dedicado al concepto de persona en el realismo jurídico clásico, esto es, como sujeto de facultades morales y destinataria de la norma jurídica, que, además, es el presupuesto de la justicia y del derecho, además de ser el término de la relación jurídica, la parte del todo social y el sujeto de la acción justa.
El tercer capítulo está consagrado a la persona como fuente esencial de la juridicidad. Se sostiene allí una iusfilosofía nítidamente naturalista, más precisamente el iusnaturalismo de Javier Hervada.
Sigue un interludio, en el que trata del arte de dialogar como medio de lograr la paz en una sociedad plural.
La segunda parte, dedicada a la dignidad humana, comienza con el capítulo cuarto, que toca el fundamento de los derechos humanos en una sociedad plural. El siguiente capítulo aborda un tema ontológico: la dignidad como excelencia del ser, y, en verdad, metafísicamente la dignidad del hombre se funda en la excelencia de su ser, que sobresale por encima de los demás entes del mundo. La autora añade un capítulo, sobre la dimensión práctica del principio de la dignidad humana, en el que se habla del reconocimiento del otro y del respeto por él. Accedemos entonces al capítulo séptimo, que se consagra a la personalidad jurídica como expresión de la dignidad humana. Y es que, en efecto, allí se relacionan adecuadamente el haber, el ser y el deber ser.
Se pasa al asunto del cuerpo, esto es, a la dimensión jurídica de la corporeidad, lo cual constituye el capítulo octavo, muy en la línea de la antropología filosófica o filosofía del hombre. La autora aborda valientemente el problema de la disponibilidad y la indisponibilidad del cuerpo en relación con la persona que lo posee.
El capítulo noveno tiene que ver con la familia, esto es, la persona como ser familiar y la familia como comunidad de personas. La autora analiza los paradigmas cambiantes de la familia, y nos hace ver que se tiene que pasar de la persona como individuo de la especie humana a la persona como ser familiar, porque, tal como lo vemos en la sociedad y la cultura actuales, se está haciendo el proceso inverso: el hombre abandona el ámbito de la familia y vuelve a ponerse como mero individuo de la especie, desligado de lo familiar.
El libro se cierra con un interesante epílogo acerca de la nueva racionalidad del derecho como respuesta a los retos de la dogmática jurídica. Esta nueva racionalidad atiende a criterios no sólo de efectividad, sino también de valor, axiológicos, que no pueden dejarse de lado.
Trabajo importante por su contenido jurídico y filosófico, que profundiza tanto en los temas, tan arduos, de la metafísica que sustenta el orden jurídico. Y oportuno por el servicio que seguramente dará a sus lectores. Me parece, pues, que es algo que debemos agradecerle, a la vez que algo por lo que hemos de felicitarla y felicitarnos.
Por lo que hace a la primera parte, centrada en el concepto de persona, comienza con un exordio sobre un tema básico: la persona humana y su dignidad, en el que examina la etimología del nombre, su concepto filosófico y jurídico y de la razón de ser de la reflexión sobre este último.
El capítulo segundo está dedicado al concepto de persona en el realismo jurídico clásico, esto es, como sujeto de facultades morales y destinataria de la norma jurídica, que, además, es el presupuesto de la justicia y del derecho, además de ser el término de la relación jurídica, la parte del todo social y el sujeto de la acción justa.
El tercer capítulo está consagrado a la persona como fuente esencial de la juridicidad. Se sostiene allí una iusfilosofía nítidamente naturalista, más precisamente el iusnaturalismo de Javier Hervada.
Sigue un interludio, en el que trata del arte de dialogar como medio de lograr la paz en una sociedad plural.
La segunda parte, dedicada a la dignidad humana, comienza con el capítulo cuarto, que toca el fundamento de los derechos humanos en una sociedad plural. El siguiente capítulo aborda un tema ontológico: la dignidad como excelencia del ser, y, en verdad, metafísicamente la dignidad del hombre se funda en la excelencia de su ser, que sobresale por encima de los demás entes del mundo. La autora añade un capítulo, sobre la dimensión práctica del principio de la dignidad humana, en el que se habla del reconocimiento del otro y del respeto por él. Accedemos entonces al capítulo séptimo, que se consagra a la personalidad jurídica como expresión de la dignidad humana. Y es que, en efecto, allí se relacionan adecuadamente el haber, el ser y el deber ser.
Se pasa al asunto del cuerpo, esto es, a la dimensión jurídica de la corporeidad, lo cual constituye el capítulo octavo, muy en la línea de la antropología filosófica o filosofía del hombre. La autora aborda valientemente el problema de la disponibilidad y la indisponibilidad del cuerpo en relación con la persona que lo posee.
El capítulo noveno tiene que ver con la familia, esto es, la persona como ser familiar y la familia como comunidad de personas. La autora analiza los paradigmas cambiantes de la familia, y nos hace ver que se tiene que pasar de la persona como individuo de la especie humana a la persona como ser familiar, porque, tal como lo vemos en la sociedad y la cultura actuales, se está haciendo el proceso inverso: el hombre abandona el ámbito de la familia y vuelve a ponerse como mero individuo de la especie, desligado de lo familiar.
El libro se cierra con un interesante epílogo acerca de la nueva racionalidad del derecho como respuesta a los retos de la dogmática jurídica. Esta nueva racionalidad atiende a criterios no sólo de efectividad, sino también de valor, axiológicos, que no pueden dejarse de lado.
Trabajo importante por su contenido jurídico y filosófico, que profundiza tanto en los temas, tan arduos, de la metafísica que sustenta el orden jurídico. Y oportuno por el servicio que seguramente dará a sus lectores. Me parece, pues, que es algo que debemos agradecerle, a la vez que algo por lo que hemos de felicitarla y felicitarnos.
